1. LA FUGA (CLARA)

Otro mes más y me volvería verdaderamente loca. ¿Es que  no se daban cuenta de que yo no era como ellos?

Miré a través de la ventana de mi habitación, aunque más que una habitación era una celda de la que no podía salir.

A través de los cristales se veía el patio. Como unos cuarenta o cincuenta tarados mentales estaban allí con alguna enfermera asignada y, aparte, como unos diez más pero en forma espiritual, pues estaban muertos.

Me miré al espejo. Pelo castaño con mechas moradas y rizado a excepción de mi liso flequillo, habitualmente solía ser mucho más largo, pero ahora a penas me llegaba a los hombros.  Mis ojos, algo rasgados y de color chocolate presentaban una mirada cansada y algo entristecida debido a los diferentes acontecimientos transcurridos a lo largo de lo que llevaba de vida.

Suspiré .Si no fuera por el camisón blanco de hospital se diría que soy una persona normal. Es decir, lo que soy. ¿Que qué hacía en un manicomio con diecinueve años si era una chica normal y corriente? Solo porque veo a los muertos, cosa que los demás no.

En Naturia, dependiendo de tu signo astral, salías con la facultad de canalizar la energía de un elemento. Por ejemplo, en el caso de una persona que naciera como piscis, podría canalizar el agua; si nace escorpio el aire, y así con todos los demás.

Pero, ¡ojalá fuera tan sencillo! También había excepciones… como en mi caso. Nací Aries, por lo que tendría que poder canalizar la energía del fuego… ¡Pero no!

El fuego no era el único elemento que yo canalizaba, y con eso me refiero a que podía utilizar cualquier energía a mi favor: Agua, fuego, tierra, aire, electricidad, espacio, materia… Sin embargo, esa no era mi única rareza .Se supone que la energía que mejor tendría que canalizar sería el fuego, pero el elemento sobre el que era más poderosa era el agua, justo su contrario.

No contenta con eso, la naturaleza me dio el “don”  de hablar y ver a los muertos. Y por eso me encontraba aquí; por hablar, según la gente sola, cuando en realidad estaba hablando con un difunto.

Posiblemente mi estancia en ese lugar me estaba volviendo loca de verdad.

Me tumbé en la cama cansada de toda esa situación. Encendí la televisión y me puse a ver las noticias, por si había ocurrido algo importante.

Al cabo de veinte minutos la apagué de nuevo. Me levanté de la cama y materialicé un piano eléctrico encima de mi escritorio. Me senté y empecé a tocar. A menudo eso me relajaba, deprimía o estresaba, dependía de la canción que tocara.

Toqué una simple canción de cuna, que acompañé tarareando con voz dulce la letra.

Mi madre me la solía cantar cuando era pequeña y luego, cuando ya estaba casi dormida, me envolvía la cuna con un agradable olor a rosas.

De repente alguien me interrumpió llamando a la puerta, por lo que me levanté y me fui a abrir. Eran Lucía, mi enfermera asignada y Shila, mi mejor amiga, a quien di un gran abrazo en cuanto la vi.

– ¿Cómo te encuentras?- Me preguntó con cautela.

-¡Te lo he dicho un millón de veces!, ¡Nunca he estado mal! Lo que me asombra es que habiendo todos los problemas que hay y todos los locos que hay fuera en la calle, me metan a mí aquí. ¡Y yo que creía que éste era un mundo donde las habilidades extrañas estaban bien vistas…!

-Clara, entiéndelo. La gente te ve hablar sola, y ese no es que sea un don muy bueno que digamos…

Shila era una chica de mi misma edad. Tenía el pelo rubio con mechas doradas, largo y liso que solía recoger en dos coletas bajas. Sus ojos eran grandes y de un bonito verde manzana. En ese momento iba vestida con un precioso vestido rojo que le llegaba por encima de las rodillas acompañado por unas botas blancas de tacón. ¡Cómo me gustaría vestirme como una persona normal!

Me senté en la cama alicaída, Shila me acompañó y después de estar hablando sobre un poco de todo cayó en la cuenta de algo:

-Se me olvidaba darte los apuntes de esta mañana. Me los ha pasado Lía, dice que dentro de poco será el examen.

Yo estudiaba en la universidad lo que se llamaba medicina-elemental. Era la rama de la medicina que se especializaba en los hechizos de curación. Como por ejemplo un hechizo de restauración de fuerzas. Claro que, había muchos más.

Lía era mi compañera de laboratorio y carrera ya que, aparte de hechizos, teníamos otras asignaturas. Como las prácticas de operaciones,  biología y otras asignaturas tanto prácticas como teóricas. ¡Y me las estaba perdiendo todas por estar en ese odioso lugar! Menos mal que Lía se acordaba de mí y sabía y entendía mi situación, al igual que Shila.

Al cabo de un rato Shila se fue y yo tuve que bajar al comedor, ya que daban la cena. Lucía me esperaba en una mesa situada al lado de un ventanal y lo suficientemente alejada de las otras como para no oír a todos los locos del centro.

Hoy teníamos puré de agromaria, una verdura dulce y de textura parecida al de la manzana solo que de color azul que solía utilizarse para todo, desde dulces hasta platos de lo más sofisticados.

-Bueno Clara, ¿Qué tal hoy?- me preguntó Lucía.

-Encerrada, enclaustrada, marginada de mi sociedad…

-Así no vas a llegar a ningún sitio.- me dijo seriamente

-Es que resulta que al único lugar al que quiero llegar es a mi casa.

Negué con la cabeza.

-No sé cuánto tiempo más puedo resistir aquí, ¿vale? Tengo familia, amigos, casa y unos estudios que desarrollar de nada menos que de medicina- elemental, y estoy aprobando los exámenes por correo con una media de ocho y medio. ¿Sigues creyendo que estoy mal de la cabeza?

Sabía que me estaba poniendo irónica, enfadada y nerviosa. Por lo que respiré profundamente y continué cenando.

-¡Es que es de locos! Nos estás diciendo a todos que tienes la capacidad de hacer algo que los científicos más sobresalientes llevan intentando desde hace casi un siglo.-Dijo Lucía intentando respaldarse.

-No es mi culpa que naciera con esa cualidad. Antes de nacer yo no pude decidir cómo sería.

-Ya, y te ha pasado a ti de entre todos lo naturianos existentes, ¿no?- Dijo escéptica

-¿Por qué te cuesta tanto?, ¿por qué os cuesta tanto entenderlo?

Me bebí mi vaso de agua, limpié mi bandeja y me fui a mi habitación.

Me puse a estudiar los apuntes, aunque por mucho que aprobara los teóricos, no había asistido a ninguna clase práctica, por lo que me iba a resultar casi imposible aprobar esa parte.

¡Cómo odiaba ese lugar! y lo que era peor, ¡no me sacarían nunca! Estaba condenada a quedarme allí hasta que las ranas criaran pelo. A no ser…siempre podía escaparme. Tenía poder de sobra para hacerlo. Podría derretir los barrotes de la ventana, crear una cuerda y descender  hasta abajo sin hacer el menor ruido y una vez que estuviera en el patio, mediante un hechizo de oscuridad, camuflarme en la noche. Una vez  que hubiera atravesado el patio podría saltar la puerta principal.

Una parte de mi cabeza me decía que no era buena idea, que siguiera las reglas de aquel lugar y que posiblemente si fingía que no veía a ningún espíritu me dejarían marchar. Pero la idea de escaparme era tan alocada como atrayente. Estuve cavilando sobre mis posibilidades un buen rato y llegué a una conclusión: Si me escapaba pensarían que estaba loca de verdad y entonces me encerrarían allí de nuevo con nuevas razones absurdas. Y encima doblarían la seguridad de mi “habitación”. Sin embargo, para que pasara eso antes tendrían que pillarme…

Esperaría a las dos de la mañana para irme. Si todo salía bien, no tendría que haber problema para que pudiera salir de allí. Por lo que me senté en mi escritorio y miré la hora, eran las nueve y aún no había anochecido. Tendría tiempo de sobra para hacer lo que quisiera, por lo que  saqué una hoja, mis pinturas y un lápiz y me puse a dibujar. Eso me gustaba mucho. A menudo liberaba mis sentimientos mediante la música o el dibujo. Era bonito poder dar rienda suelta a tu imaginación y plasmarlo en un papel.

Hice dos dibujos, uno de una laguna con la luna reflejada de fondo y otro que representaba la calle de Centralia donde se encontraba mi casa. Para cuando terminé el segundo ya eran las once de la noche, por lo que decidí acostarme. No sin antes programar un pequeño reloj de pulsera con una alarma que solo podía escuchar yo. Después de eso me acosté en la cama y me dormí.

Me desperté sobresaltada al oír la alarma del reloj. Por un momento había olvidado lo de mi huida.

Encogí todas mis pertenencias para que me cupieran en un bolso y pensé en derretir los barrotes. Y lo hubiera hecho sino me hubiera acordado de que algunas de mis cosas como mi móvil y cartera con mi carnet de identidad y todo mi dinero, estaban en la oficina de recepción. Sin ellos no podría hacer gran cosa si no quería llamar la atención, por lo que con mucho sigilo abrí la puerta de mi habitación. Miré a ambos lados del pasillo, pero estaba tan oscuro que ni siquiera se veían las puertas de los otros dormitorios.

Visualicé mentalmente el recorrido desde mi habitación hasta la oficina de recepción. No era un camino muy largo, pero tendría que ser cauta y sigilosa. No creía que se tragaran que soy sonámbula si alguna de las enfermeras de guardia me veía.

Comencé con la primera parte mi plan. Avancé pegada a las paredes e intentando poner mis pies en un lugar donde no crujiera el suelo de parquet. Iba atientas por el edificio, pero no podía hacer otra cosa. Cualquier signo de luz me delataría, aunque por suerte me conocía lo suficientemente bien el edificio.

Doblé dos veces un pasillo hasta llegar a la sala de reunión de las enfermeras, a quienes se las oía desde antes de doblar uno de los tantos pasillos que había en el lugar, y podía asegurar que era bastante lejos…

La puerta estaba entreabierta y la luz se filtraba por la rendija que dejaba. Tendría que pasar rápidamente, aunque antes me paré a escuchar, pues hubo un repentino momento de silencio en el que únicamente se oía un leve murmullo. Supuse que era del televisor y si se habían callado todas al unísono era porque posiblemente estuvieran viendo algún programa en él. Fue entonces cuando decidí seguir adelante. Con una gran pero sigilosa zancada pasé rápidamente la puerta sin que nadie se diera cuenta. Continué por el oscuro pasillo. Doblé dos veces más y llegué al recibidor del edificio.

El suelo de mármol rojizo, blanco y negro. La puerta principal era de cristal, y el resto de la sala estaba adornado con algunas plantas, sillones y mesas con unas cuantas revistas encima. Frente a la puerta se hallaba la mesa de recepción. A simple vista, cualquiera diría que era un hotel o algo por el estilo. Pero lo tenían todo adornado con esa apariencia para que cuando llegaban nuevos internos, no se pusieran nerviosos y no les diera por derruir el edificio o matar a alguien sin querer al ponerse nerviosos.

En la pared derecha de la puerta principal, se encontraban los lavabos de visitas y justo detrás de la  mesa de recepción se encontraba la oficina, el punto de mi objetivo.

Sentí un escalofrío al tocar descalza  el frío suelo de mármol, pero merecía la pena si con ello conseguía salir del manicomio. Cada vez estaba más cerca  de la oficina. E iba a atravesar ya la puerta cuando…

-Te estaba esperando.

Me giré bruscamente al oír aquella frase. La voz me resultaba totalmente extraña y era fría e inexpresiva. No pude ver a quien pertenecía aquella voz. Solo vi una figura escasamente iluminada por la luz de las farolas que se filtraba a través de los grandes portones de cristal.

-¿Quién eres? ¡Déjate ver!- Le ordené nerviosa.

El negó con la cabeza y se empezó a mover por la sala hasta la puerta de uno de los baños.

-¡Esa no es forma de presentarse! Se debe ser más educado… ¿no señoritas?- Abrió la puerta de uno de los lavabos, del cual encendió la luz y vi a todas las enfermeras de guardia atadas y amordazadas allí.

-Pero…- No me lo explicaba, ¿no estaban en su sala de descanso?

-Tan solo oíste una grabación hecha por mí. Como suponía has pasado por delante sin mirar dentro. Un gran punto a mi favor…

Esta vez ya no estaba nerviosa, sino que estaba empezando a enfadarme. ¿Qué quería de mí?

-¿Quién-eres? No ha sido muy educado por tu parte encerrar, atar y amordazar a personas que, según veo, no tienen nada que ver con esto.- Le contesté devolviéndole un comentario parecido al que él me había hecho antes.

Se rió con ganas, y dejando la puerta abierta y las luces encendidas del baño mientras se ponía enfrente mía, aunque a una prudencial distancia.

-Supongo que tienes razón.-Dio un par de palmadas y las luces del recibidor se encendieron dejando ver a un chico algo más mayor que yo de pelo rubio con mechas negras. Tenía una mirada fría en unos penetrantes ojos grisáceos e iba vestido todo de negro a excepción de que no llevaba parte de arriba, dejando al descubierto su musculoso torso.

-Soy Agmel, y he venido a por ti.

¡Lo que me faltaba ahora! Un tío tan siniestro que quería secuestrarme. ¡Era él el que debería estar en el manicomio, no yo!

-¡Ah no!, ¡de ninguna de las maneras! Estoy deseando pirarme de aquí, ¿y tú ahora quieres llevarme contigo a otro sitio posiblemente peor? Lo siento, pero soy mucho más inteligente de lo que piensas.

Agmel volvió a reírse con fuertes y sonoras carcajadas.

-Entonces tendré que llevarte a la fuerza.

Al decir estas palabras su voz se había vuelto dura, fría y al mismo tiempo desafiante. Además se había puesto en guardia, lo que me decía que iba a tener lugar una batalla. Una pelea que no estaba dispuesta a perder, pues estaba en juego mi libertad.

Me puse yo también en guardia. No sabía que poder tendría Agmel pero fuera el que fuese posiblemente pudiera vencerle.

Como esperaba, fue él quien lanzó el primer ataque. Una gran bola de fuego. Me alegré de que fuera ese su poder, porque así podría atacarle con mi elemento más fuerte. Por lo que milésimas de segundo después de que él lanzara su ataque yo le lancé el mío, una gran ola de agua que chocó con la de Agmel provocando una pequeña explosión que nos lanzó a los dos hacia atrás y rompió todas las ventanas, incluyendo la gran puerta de cristal, y casi todos los focos de luz que había en la sala.

-¡Vaya! Esto se pone interesante…-Dijo Agmel siniestramente contento.

Esta vez fui yo quien atacó. Me levanté rápidamente y creé dos bolas de agua, una en cada mano, y se las lancé con rapidez. Una logró esquivarla, pero la otra la dio de lleno en la cara.

La ira apareció en su rostro. Pero en vez de atacarme a mí, lanzó su ataque a las enfermeras. Yo corrí hacia ellas y conseguí llegar lo suficientemente a tiempo como para levantar una barrera protectora y lanzarle un rayo que le electrocutó levemente.

-¡Según has dicho a quién te quieres llevar es a mí! ¡Deja a las enfermeras en paz!-Le grité.

Agmel estaba furioso, por lo que pasó de los ataques a distancia y empezó con la lucha cuerpo a cuerpo.

Un fuerte puñetazo que yo no había previsto se estampó en mi cara y me tiró al suelo encima de un montón de cristales rotos. Sentí un fuerte escozor en distintas partes de mi espalda, junto con el dolor del puñetazo que me había sacudido. Pero no le dejé darme un segundo golpe. Me levanté rápidamente y le metí una patada en el estómago.

Agmel se empezó a tambalear y pocos segundos después, al no haber nada a lo que agarrarse, cayó al suelo de rodillas aun abrazándose el estómago.

-Eres buena, mejor de lo que pensaba…

Me fijé en él de nuevo. Tenía arañazos y heridas por casi todo el pecho y una gran raja en la frente provocada por un cristal. Posiblemente le dejara cicatriz.

-Volveremos a vernos, Clara, y esa vez no perderé.-Y diciendo esto, chascó dos de sus dedos y se tele transportó a otro lugar desapareciendo del escenario de batalla.

Miré a mi alrededor. El lujoso y moderno recibidor ahora estaba destruido casi por completo. Los fluorescentes que había colgados del techo, ahora estaban rotos, y los que habían caído al suelo habían provocado un pequeño incendio a su alrededor. Corrí a desatar a las enfermeras. Entre ellas reconocí a Lucía.

-¿Aún piensas que estoy loca?- La dije.

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8 comentarios en “1. LA FUGA (CLARA)

  1. Hola! Yo también voy a visitaros mensualmente para ver cómo sigue la historia. ¡Seguid así, chicas! Sé por experiencia propia lo difícil que puede resultar sacar adelante lo que escribes y mucho más que los demás lo reconozcan.
    Me gustaría dejaros aquí un link para que me hicieseis el favor de echar una ojeada vosotras a mi libro, aunque no sé si os molestaría, por lo que me esperaré a vuestra respuesta para hacerlo o no. Tengo 15 años y estoy intentado que se conozca.
    ¡¡Mucha suerte y muchas Gracias!!
    Iria Fariñas.

  2. me lo e estao leyendo
    ya continuare con el segundo capitulo va
    mola me gusta la historia =)(=
    he entrao eeh pa que luego digas jeje
    =)(=

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